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       La derivación más significativa del documento de Yagüe, aunque también la más desafortunada. fue el llamdo Papel de San Pedro. Su nombre original es Historia de los Amantes de Teruel, pero el hecho de que se encontrara su manuscrito en el archivo de la iglesia de San Pedro ha motivado el cambio de título con que actualmene se conoce.


       El primero en dar noticias de su existencia fue Isidoro de Antillón.
       Lo encontró en el mencionado archivo en 1806. Hoy está perdido, pero sabemos su contenido gracias a que el indicado erudito lo copió en sus estudios históricos sobre los Amantes.

       Sotoca, que recoge la mayoría de los datos conocidos sobre la tradición amantística, dice que en el libro de rentas del capítulo de racioneros de San Pedro hay una nota alusiva al manuscrito, que se guardaba en el archivo de esa parroquia, pero añade que actualmente no está allí.

       Debe considerarse definitivamente perdido, a no ser que un golpe de suerte lo haga reaparecer, como ha ocurrido en alguna ocasión con los documentos amantísticos.

       Vale la pena reproducir esa nota, pues revela el valor que sus poseedores atribuían a tan amañado documento. Lo presentan como la verdadera y fiel copia de la historia de los Amantes de Teruel.

       Como veremos, no es ni verdadera ni fiel. Generalmente se cree que sólo contenía la Historia de los Amantes de Teruel ampliada. Pero si se lee con cuidado la obra de Antillón, se comprueba que iba seguida del resto del protocolo. El Papel de San Pedro era pues, un documento como el de Yagüe, destinado a demostrar la realidad histórica de los Amantes por medio de las consabidas pruebas del papel, la tradición y los cadáveres.

       Pero a algún canónigo de San Pedro le debió parecer que la narración incluida en el protocolo era demasiado seca y decidió ampliarla. La mejor solución que hallo el anónimo refundidor, sea quien sea, fue copiar la Historia antigüa con bastante fidelidad hasta el episodio de las bodas y continuar, a partir de ahí, con una detallada descripción de los hechos.

       Para ello, acudió a la Epopeya trágica que el mismo Yagüe había escrito sobre los Amantes, tomando de aquí no sólo la idea general, sino versos y frases enteras copiadas al pie de la letra.

       El resultado fue una historia muy completa y bastante lograda literariamente, pero poco convincente para demostrar la antigüedad de la tradición.

       Las consecuencias para la credibilidad del relato fueron funestas. Cuando Antillón analizó este documento, detectó enseguida la mezcla de palabras arcaicas -las de la Historia antigüa- con frases y expresiones modernas - las de la Epopeya trágica-. Por eso, concluyó que se trataba de un papel de letra de ayer que no demostraba nada.

       Aquella desfortunada amalgama de textos a nadie podía convencer. Pero era bonita, interesante y completa. De ahí que se haya conservado en la tradición oral moderna en combinación con las interpretaciones dramáticas del siglo de oro.

       En consecuencia, auque es una relación muy interesante, su utilidad para demostrar la historicidad de los sucesos resulta prácticamente nula. Los críticos modernos, por lo general, la han rechazado.