La sopeta de Bronchales es una fiesta cuando menos peculiar.La sopeta, tal como la recuerdan los que peinan canas se da el día de San Roque por la tarde, los habitantes de Bronchales y los pocos veraneantes de entonces se agrupaban en cuadrillas y con parsimoniosa reverencia se colocaban en torno a un balde , barreño , pozal o cualquier recipiente lleno de vino obsequio del Ayuntamiento.Tan importante como el vino era la torta que cada cual aportaba de su casa para completar el rito.Debidamente troceda , la torta era sumergida en el preciado líquido que, convenientemente endulzado al son de la jota, el pasodoble y otros sones "folkloricos" se comia en forma de sopas y de ahí el nombre de "la sopeta".


   Tan grande era la reverencia y el aprecio por el dulce manjar de dioses, que jamás nadie osó derramar ni una gota en otro lugar de la plaza que no fuera entre pecho y espalda.




Hoy en día son muchas las cosas que han cambaido, entre ellas la forma en que la juventud celebra su sopeta. Por una tarde, el pueblo queda convertido, por obra y gracia del dios Baco , en una inmensa y variopinta cantina popular en donde tiene cabida el buen humor, el disfraz ocasional , el baile del himno de Bronchales , la cancion del verano ó pasodobles como el de paquito el chocolatero, incluso la habilidad circense de inprovisados atletas o cantantes , sacados de la deshinibidora magia de unos tragos de buen vino.


Por una tarde, se olvidan viejas rencillas, se derriban las fornteras generacionales , se dejan de lado diferencias políticas y se ahogan las penas en un buen tintorro.


El vino, más que beberse , colorea vestidos y cuerpos de los participantes en la ruidosa sopeta, cuyas manchas lucen sobre sus blancas vestimentas como lúdicos trofeos de quien ha luchado y vencido en singular batalla con el dios Baco.